sábado, 22 de diciembre de 2007

CAMPANADAS


No supimos apagar la tele a tiempo y, como siempre, como todo el país, recibimos el año de la mano de un presentador de moda que nos explicaba algo tan sencillo como el funcionamiento de un campanario.

Y, pronto, de nuevo, escucharemos atentamente las instrucciones del locutor o la locutora en cuestión. Con cierta indulgencia a su consabida inutilidad soportaremos como nos explican la diferencia entre los cuartos y las campanadas que marcan el paso del un año a otro.

Y ya está, se acabó lo que se daba. Lo importante son las campanadas. Los otros trescientos sesenta y cuatro días, veintitres horas y 59 minutos pasan volando.

EL PUTO CHINO



En el recibidor de la casa de mis padres había una lámpara horrible : un viejo chino de alabastro grisáceo que sostenía en su cabeza una pantalla de pergamino ocre. Su vejez, las largas barbas y la túnica le daban un aspecto tan exageradamente débil que una se preguntaba cómo podía aguantar día tras día el peso de la luz en su cabeza.
La primera vez que mi cuñado entró en casa no pudo dejar de decir:
- Mira que es feo el puto chino.
La broma duró muchos años. De vez en cuando mi cuñado me preguntaba si todavía vivía el chino, si mi madre aún no le había dado
pasaporte. Cuando yo intentaba hacerle entender que a mi madre el chino le gustaba, que esa era su idea de decoración elegante, él exclamaba:
-¡Pero si es muy feo, el puto chino!

Su mujer intentaba que no insistiera, preocupada por si los comentarios de Pepe me pudieran molestar. Pero yo me lo pasaba en grande oyéndolo insultar al puto chino.

Muchos años después, en una de mis visitas rutinarias a casa de mis padres, al abrir la puerta eché de menos la lámpara. Le pregunté a mi madre y me dijo que , para su disgusto, se había roto por un golpe de aspiradora. Los pedazos eran tantos que no había quedado más remedio que tirarlo a la basura.
Poco después un horrible jarrón de alabastro rosado ocupaba el rincón que antes ocupara la lámpara. Orgullosa mi madre me lo enseñó preguntándome que me parecían tanto el jarrón como su pedestal y las flores artificiales.
-No está mal, le dije. Pero donde esté el puto chino…

martes, 4 de diciembre de 2007

INTRO (ducción, versión)


Ayer descubrí el valor que tiene para todos tener "su verdad" y me di cuenta de que lo más maravilloso es que esa verdad puede ir cambiando con el tiempo, y no por ello deja de tener validez........... y encima, sobre un mismo hecho, son factibles verdades opuestas.