
Tira con fuerza las llaves sobre la mesa de cristal. Cada día lo hace y cada día discute con Patricia por lo mismo. ¿Cuándo se va a dar por vencida? ¿Qué es lo que no entiende? Con lo clarito que se lo ha dicho millones de veces, tantas como ella le ha recriminado el gesto, que no piensa dejar de lanzar las llaves sobre la mesa, que le da igual que la mesa se ralle, que no hace falta que le recuerde cuánto costó la mesa, que por si no se acuerda la mesa la pagó él como todo lo que hay en la casa, que le gusta tirar las llaves tanto como a ella le disgusta que lo haga, que le importa un bledo la mesa. Mira, mira como las tiro otra vez. Las tiro porque me da la gana, porque me sale de los cojones. Me paso el día trabajando como un negro para que tengáis de todo y cuando llego a casa no puedo ni dejar las llaves donde a mi me da la gana. Si es que estás pendiente de lo que hago, estás esperando que llegue para meterte conmigo ¿Tanto te molestan las llaves? Llego reventado, me he pasado el día de pié, en el taller, pendiente de todo y el único rato que me he sentado ha sido para llamar a un cliente que me ha devuelto un cheque. Que pasado mañana es fin de mes, por si no te acuerdas. No, de eso si que te acuerdas, de otras cosas no, pero de eso sí, eso no se te olvida. Nunca ahorras, siempre gastando y siempre quejándote de que tenemos poco dinero. Que si Maruja y Teófilo se han comprado esto y que si Rómulo y Constanza fueron el domingo a comer no sé dónde. Tienes un agujero en la mano y muchos aires de grandeza. Siempre te parece mejor lo de los demás, siempre me echas en cara lo que no tenemos, nunca estás contenta. SI es que yo lo hago todo mal. Con lo tonto que soy, no sé porque te casaste conmigo.